Alhamdulillah, Al-’Aliyy (El Excelso), Al-Halim, Ar-Rafiq, Ar-Rahim. Él concede plazos, pero no es negligente; oculta las faltas y perdona; y es At-Tawwab, Ar-Rahim.
Atestiguo que no hay más dios que Allah, Único y sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero ﷺ. Que la paz y las bendiciones sean sobre su familia, sus compañeros y quienes los siguen hasta el Día del Juicio.
¡Creyentes, hombres y mujeres! Tened taqwa de Allah Todopoderoso, volveos completamente a vuestro Señor, sed agradecidos por Sus bendiciones y adornaos con el hilm (indulgencia), pues es señal de un carácter íntegro, prueba de sensatez y signo de la perfección del nafs y de los ajlaq.
Sabed que la indulgencia no es cobardía, impotencia, debilidad ni humillación. Es, más bien, la capacidad del sabio para refrenar su ira incluso cuando tiene la posibilidad de vengarse. Esta es una de las características de los siervos del Rahman. Allah Todopoderoso los describe en Su Libro Sagrado:
«Los siervos del Misericordioso son aquellos que caminan por la tierra humildemente y que, cuando los ignorantes les dirigen la palabra, dicen: “Paz”» (Corán, 25:63).
La aleya dice: «caminan humildemente». Esto se refiere, entre otras cosas, a caminar con tranquilidad y dignidad, no con arrogancia y orgullo. El Profeta ﷺ caminaba con dignidad y serenidad; su risa era una sonrisa, su andar era apacible y su sueño era una ligera siesta. Y al final de la aleya encontramos: «dicen: “Paz”», una respuesta tan refrescante como echar agua sobre las brasas de un necio.
El Profeta ﷺ alabó a un hombre diciendo:
«Ciertamente, en ti hay dos virtudes que Allah y Su Mensajero aman: la indulgencia y la paciencia» (narrado por Muslim).
Uno de los sabios dijo: «La persona indulgente es rica incluso siendo pobre, mientras que la persona necia es pobre incluso poseyendo el mundo y todo lo que hay en él». Si no eres indulgente cuando te tratan con ignorancia, ¿cuándo lo serás?
El Profeta Muhammad ﷺ fue el maestro de los indulgentes. En los comienzos del Islam fue a Taif para invitar a su gente al Din, pero lo rechazaron de una manera impropia para alguien de su posición. Lo expulsaron y lo apedrearon hasta que la sangre brotó de sus benditos pies. Él suplicó pidiendo guía y rectitud para ellos, diciendo:
«¡Allahumma!, guía a mi pueblo, porque no saben».
Y cuando fue interrogado al respecto, respondió:
«Espero que Allah haga brotar de entre ellos a quienes digan: “La ilaha illa Allah”».
¡Qué indulgencia! ¡Y qué visión de futuro!
Un hombre se acercó al Profeta ﷺ buscando un consejo completo, y él se lo dio resumiéndolo en una breve y concisa frase:
«No te enfades».
Y la repitió tres veces.
¿Cómo cultivamos, entonces, la indulgencia, la paciencia y la capacidad de controlar nuestra ira?
Primero, debemos buscar refugio en Allah, pues la ira es un susurro del shaitan y una tentación del maldito Iblis.
Segundo, cambiar la postura corporal. Si estás enfadado, siéntate; si estás sentado, acuéstate.
En tercer lugar, reflexionar sobre la recompensa de reprimir la ira cuando se tiene la oportunidad de vengarse. Allah Todopoderoso dice:
«Acudid prestos hacia un perdón de vuestro Señor y a un Jardín preparado para los temerosos de Allah, cuyo ancho son los cielos y la tierra. Esos que dan en los momentos de desahogo y en los de estrechez, refrenan la ira y perdonan a los hombres. Allah ama a los que hacen el bien» (Corán, 3:133-134).
Y el mejor regalo que una persona puede dar es el perdón. El perdón es un don que solo poseen los sabios. No es una riqueza que se pueda adquirir ni un negocio del que se pueda obtener beneficio, sino una bendición de Allah Todopoderoso, otorgada a quien Él quiere de entre Sus siervos.
Allah, exaltado sea, dice:
«Y te preguntan qué deben gastar. Di: “Lo que se tiene de más”» (Corán, 2:219).
También dice:
«…pero quien pasa por alto y se reconcilia, su recompensa incumbe a Allah» (Corán, 42:40).
Nadie conoce la magnitud de esta recompensa excepto Allah.
Responder al ignorante no es propio de los justos. Como dijo el poeta:
«Si a cada perro que ladra le apedreas,
llegaría un tiempo en que cada piedra valdría un dinar.
Si un necio habla, no le respondas;
el silencio es mejor que la réplica».
Solo aquellos dotados de intelecto y razón poseen paciencia e indulgencia; aquellos que:
«…y responden al mal con el bien. Esos tendrán la Morada del Buen Final» (Corán, 13:22).
Esta es la recompensa por su paciencia en este mundo y por reprimir su ira.
¡Allahumma!, concédenos paciencia e indulgencia, y otórganos el carácter de Tu Mensajero ﷺ y de sus compañeros. Protégenos del mal de la ira y del mal de los envidiosos cuando envidian. Sé nuestro Guardián, Auxiliador, Protector y Sustentador, y purifica nuestros corazones del odio, la envidia y el mal carácter.
¡Allahumma!, protege a nuestra comunidad y a nuestro emir, y concédenos a todos ser de aquellos que saben reconocer lo esencial y que, en sus relaciones con los demás, son conscientes siempre de ser «esclavos del momento» y, por tanto, de cuál es exactamente el adab que corresponde a cada situación.
Amín.


