Todo lo que hizo el Profeta Muhammad, SAWS, fue por su Ummah

jutba3Musulmanes, os exhorto a que tengáis Taqwa de Allah: “¡Vosotros que creéis! Temed a Allah y que cada uno espere para el mañana lo que él mismo haya buscado. Y temed a Allah, es cierto que Allah está informado de lo que hacéis” (Hashr, 18).

¿Cuántas veces se nos olvida agradecer a Allah por todo aquello con lo que nos ha favorecido? ¿Cuántas veces nos olvidamos de que todo lo que poseemos procede de Allah? ¿Cuántas veces, por las circunstancias de la vida, olvidamos que Allah es el que da y el que quita, que ha sido y continúa siendo tremendamente generoso con nosotros? ¿Cuántas veces olvidamos que Allah, por encima de todas las cosas, nos ha favorecido enviándonos a aquel que nos ha sacado de las tinieblas para llevarnos hacia la luz, al mejor ser humano que ha habido y que habrá sobre la faz de la Tierra?

En el jutba de la semana pasada, con motivo de la entrada en el mes de Rabi’ al awal, el mes del nacimiento de Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam, hablamos de algunas de las cualidades elevadas, del ejemplar comportamiento en diferentes situaciones de su vida, del que ha de ser nuestro ejemplo, nuestro modelo a imitar, el espejo en el que mirarnos, el héroe al que seguir, al que honramos amándole y del que nos alegramos y recordamos su nacimiento, aquel que fue enviado como una misericordia para todos los mundos, el último de los Profetas y el Sello de los Mensajeros, Muhammad Ibn Abdullah, salla allahu alaihi wa sallam.

Dice Allah: “En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de vosotros mismos; es penoso para él que sufráis algún mal, está empeñado en vosotros y con los creyentes es benévolo y compasivo”. Este es el Mensajero de Allah, un hombre ‒no un ángel o un genio, no‒, un hombre que siente y que padece, un ser humano que enferma y que sana, que come y que duerme, un hombre salido de nosotros mismos, pero el mejor de nosotros; al que conocemos, procedente del mejor linaje posible, al que le duele, el que sufre, el que se entristece cuando alguno de sus seguidores, cuando algún miembro de su Ummah, cuando alguno de nosotros, sea hombre o mujer, niño o anciano, rico o pobre, libre o esclavo, sufre algún tipo de mal.

Es decir, que lo que realmente le importa al Mensajero de Allah es su Ummah. Somos nosotros, somos todos aquellos que seguimos su Sunna; esa es su preocupación, guiar a su Ummah hacia el bien, llevarla hacia lo mejor de esta vida y de la Próxima, conducirla hacia el lugar más elevado del Jardín; por eso, salla allahu allauhu wa sallam, por su Ummah, por nosotros, se ha reservado la súplica respondida por Allah que todos los Profetas poseen; es el único de entre ellos que la ha reservado para el Día de la Rendición de Cuentas, y lo ha hecho para interceder por su Ummah, por nosotros, y para que así, gracias a ella, podamos, con el permiso de Allah, entrar en el Jardín.

Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam, está empeñado en nosotros, es harisun ‘alaina, se preocupa por nosotros, le interesamos, vela por nosotros; es decir, que todo lo que hizo a lo largo de su vida, desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte, lo hizo por nosotros, lo hizo para guiarnos por el camino recto, para sacarnos de las tinieblas y llevarnos a la luz. Lo hizo porque su anhelo, su deseo, su empeño, no estaba en las riquezas y las maravillas de dunia, no. Estaba en conseguir lo mejor para su gente, lo mejor para sus seguidores, lo mejor para aquellos que creen en Allah como Señor, en el Islam como Din y en él, en Muhammad, como Profeta y Mensajero.

Una de las maneras del Mensajero de Allah que demuestra que estaba empeñado en nosotros, que demuestra esa preocupación por nosotros, es que en numerosas ocasiones dejaba de hacer algo, algo bueno y meritorio, se abstenía de ello, para que no se convirtiera en una obligación para nosotros, para así hacernos fácil seguir su camino, y por eso dijo: “Haced las cosas fáciles y no las hagáis difíciles, y dad buenas nuevas y no espantéis”.

Y, realmente, este es el secreto de que, en tan poco tiempo, el Mensajero de Allah fuera seguido por tanta gente, el secreto de que sus Compañeros creyeran en él. Era lo empeñado que estaba en ellos. Era la forma en la que se desvivía por ellos, lo fácil que hacía las cosas para ellos, la dedicación completa que les dedicaba, el amor que sentía hacia ellos, pues él, salla allahu alaihi wa sallam, “con los creyentes es benévolo y compasivo”.

En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de vosotros mismos; es penoso para él que sufráis algún mal, está empeñado en vosotros y con los creyentes es benévolo y compasivo”. Esta noble aleya muestra la naturaleza del Mensajero de Allah, muestra cómo era el hombre que cambió para siempre la historia de la humanidad, muestra cómo, por encima de todo, su principal preocupación es su gente, y por eso su gente lo ama por encima de todas las cosas y le sigue sin dudas ni tribulaciones. Y este es, ciertamente, el signo de un líder verdadero, de un emir justo, de un juez equilibrado, de un padre amado; el que quiera ser amado por la gente, el que quiera que su gente le siga y le ame, que siga el ejemplo y la descripción del Mensajero de Allah en esta aleya, que se empeñe por completo en su gente por encima de cualquier otra cosa, pues ese es el camino del éxito, el camino que nos enseñó el mejor de la creación, Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam.

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Este es nuestro Profeta, nuestro Mensajero, nuestro modelo a imitar, y por ello debemos dar continuamente gracias a Allah, pues el Mensajero Muhammad, salla allahu alaihi wa sallam, es el medio que Allah nos ha dado para obtener la guía, la luz, el Imán, el Corán, la comprensión, el entendimiento de nuestro Din. Todo esto, que será lo que nos lleve al Jardín en la Próxima Vida, viene de Allah a través de un medio, de un vínculo, y ese medio es Muhammad; por lo tanto, se lo agradecemos a Allah y se lo agradecemos también al medio, ya que si no fuera por el medio, no nos habría llegado el mensaje. Idh laulal wasitatu ladhaba kama qilal mausut. ¿Y acaso no debemos honrar a ese hombre? ¿Acaso no debemos honrarlo recordando su nacimiento, recordando su llegada a este mundo, alegrándonos, engrandeciéndole y elogiándole, celebrando de la manera más elevada y mejor posible el día de su nacimiento?

Agradecemos a Allah y agradecemos al vínculo, al medio, que es Muhammad. ¿Cómo somos agradecidos con el Mensajero de Allah? Amándole, amándole y siguiendo su Sunna. Nuestro agradecimiento es nuestro amor, y ¿cómo no le vamos a amar si todo cuanto hizo en su vida fue por nosotros?, ¿cómo no le vamos a amar si se dedicó en cuerpo y alma a nosotros?, ¿cómo no le vamos a amar si todo lo bueno que tenemos es gracias a él?, ¿cómo no le vamos a amar si dio su vida por nosotros?, ¿cómo no le vamos a amar si su principal preocupación es su Ummah, la guía de su Ummah, el bienestar de su Ummah, el éxito y el triunfo de su Ummah en esta vida y en la Próxima?

¿Cómo no le vamos a amar si él, salla allahu alaihi wa sallam, sí nos ama a nosotros? ¿Cómo no le vamos a amar si él nos considera y nos ha llamado sus hermanos? Cuando en los últimos días de su vida, estando ya enfermo con la enfermedad que se lo llevaría junto a Su Señor, visitó a los Shuhadá de la batalla de Uhud, pidió por ellos, y a la vuelta hacia su casa, su corazón se llenó de amor y nostalgia y las lágrimas cayeron por su rostro. Cuando los Sahaba le preguntaron qué le hacía llorar, dijo: “Echo de menos a mis hermanos”; según otra transmisión: “Me gustaría encontrarme con mis hermanos”. Los Sahaba se miraron sin comprender y entristecidos; dijeron: “¿Acaso no somos nosotros tus hermanos, oh Mensajero de Allah?”. Dijo SAWS: “No, vosotros sois mis compañeros, mis hermanos son una gente que vendrá después de mí y que creerán en mí sin haberme visto”.

Nosotros somos esa gente. Nosotros somos tus hermanos, oh Mensajero de Allah. ¡Oh Allah, te pongo a ti y a tus ángeles por testigo, de que nosotros somos esa gente, de que nosotros somos los hermanos del Mensajero de Allah, de que nosotros creemos en él sin haberle visto, de que nosotros seguimos su Sunna! ¡Oh Allah, te pongo por testigo de que nosotros amamos a Tu Profeta y Mensajero, y Te pido, oh Allah, que por Tu amor hacia nosotros, por nuestro amor hacia Ti, por el amor de Tu Mensajero hacia nosotros, por nuestro amor hacia él, te pido, oh Allah, que por ese amor, nos hagas reunirnos con él bajo la sombra de Tu Trono en el lugar más elevado del Jardín!