Imam de chilaba clara con franja dorada dando la jutba ante los micrófonos del mimbar

El Corán aparta la miseria

Alhamdulillah, Quien hizo de Su Libro una guía para los mutaqīn, una luz para quienes buscan la guía, un resplandor para quienes obran y una cura para lo que hay en los corazones. Atestiguo que no hay más dios que Allah, Único, sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero ﷺ, y paz y bendiciones sobre su familia y todos sus compañeros.

¡Siervos suyos! Tened taqwa de Allah y obedeced a vuestro Señor en todo momento. Sabed que buscar la felicidad y la tranquilidad del alma es el objetivo de todo ser humano en esta vida, y que librarse de la preocupación, la aflicción, la angustia y la desdicha es lo que alivia los corazones, ensancha los pechos y otorga alegría a los nufūs. El Noble Corán nos ha mostrado un camino claro para librarnos de la desgracia, de la preocupación y de la tristeza. Quien se aferre a este camino estará entre los felices en esta vida y en la otra. Y éste no es otro que el libro de la felicidad, del shifā’ y de la serenidad. Dice Allahu ta’ālā: «Ta-Ha. No hemos hecho descender sobre ti el Corán para que te agobies». (Corán: Sura Ta, Ha, 1-2)

Algunos idólatras dijeron que Muhammad ﷺ había caído en la desgracia a causa del Corán, debido a sus largas oraciones nocturnas. Entonces el Corán respondió a sus palabras con esta aleya. Por el contrario, el Corán es luz, misericordia y cura. Esta aleya constituye una prueba de que a quien busca la compañía del Corán, recitando, reflexionando y poniéndolo en práctica, Allah lo protege de la miseria y del extravío, tanto en esta vida como en la Otra. Esta fue también la aleya que abrió el corazón de Umar ibn al-Jattab, que Allah esté complacido con él. Fue de las primeras aleyas que él leyó del Corán, y quedaron profundamente grabadas en su corazón y lo libraron de la desdicha. Esto ocurrió cuando se dirigió a la casa de su hermana Fátima y de su esposo, Said ibn Zayd, y encontró allí a Jabbab ibn al-Aratt enseñándoles el Corán. Umar vio un manuscrito y quiso cogerlo, pero Fátima se lo impidió y le dijo: «Estás impuro y no puedes tocarlo». Entonces se purificó, cogió el manuscrito y encontró el comienzo de la sura Ta-Ha: «Ta-Ha. No te hemos revelado el Corán para que te agobies». (Ta-Ha, 1-2) Allah cambió con ello su corazón, trasladándolo de la desgracia de la incredulidad a la felicidad del Islam. Después se dirigió a la casa de Al-Arqam ibn Abi al-Arqam y pronunció la shahāda ante el Mensajero de Allah ﷺ. Y Allah hizo que llegara a convertirse en un gran soporte para el Islam y para los musulmanes. Dice Allahu ta’ālā: «(…) Y si os llega una guía procedente de Mí… quien siga Mi guía no se extraviará ni será desgraciado». (Corán: Sura Ta, Ha, 123)

Ibn Abbas, que Allah esté complacido con ambos, dijo: «Allah ha garantizado a quien recite el Corán y siga lo que contiene que no se extraviará en esta vida ni será desdichado en la Otra». En cambio, quien descuida el Corán y abandona su recitación no encontrará sino desgracia, preocupación y tristeza. Dice Allahu ta’ālā: «Pero quien se aparte de Mi recuerdo… Es cierto que tendrá una vida mísera y el Día del Levantamiento le haremos comparecer ciego. Dirá: Señor mío: ¿Por qué me has hecho comparecer ciego, si antes podía ver? Dirá: Del mismo modo que cuando te llegaron Nuestros signos los olvidaste, así hoy eres tú olvidado». (Corán Sura Ta, Ha, 124-126). Y Abu Musa al-Ashari, que Allah esté complacido con él, narró que el Mensajero ﷺ dijo: «El ejemplo del creyente que recita el Corán es como el de una cidra (fruta parecida al limón); huele y sabe bien. El ejemplo del creyente que no recita el Corán es como el de un dátil; no desprende aroma, pero su sabor es dulce. El ejemplo del hipócrita que recita el Corán es como el de la albahaca; huele bien, pero su sabor es amargo. Y el ejemplo del hipócrita que no recita el Corán es como el de la coloquíntida; no tiene aroma y su sabor es amargo». Al-Bujari y Muslim.

¡Musulmanes! Cuidar el Corán y llegar a ser uno de sus servidores se realiza de muchas maneras. Entre ellas están: gastar en su preservación, contribuir al sostenimiento de quienes memorizan el Corán, tratarlos con benevolencia y reconocer su mérito como corresponde. Allahu ta’ālā los ha escogido para llevar Su Libro en sus corazones. Dice Allah, subhanahu wa ta’ālā: «Cuando les viene un signo dicen: No creeremos hasta que no tengamos lo mismo que se les ha dado a los Mensajeros de Allah. Allah sabe mejor donde pone Sus mensajes». (Corán: Sura de Los Rebaños – Al-An’am, 124)

Y en otra aleya: «Después hemos dado en herencia el Libro a aquéllos de Nuestros siervos que hemos elegido». (Corán: Sura de Fatir, 32)

Asimismo, servir al Corán consiste en aprenderlo y enseñarlo. El Mensajero de Allah ﷺ dijo: «El mejor entre vosotros es quien aprende el Corán y lo enseña». Transmitido por Al-Bujari.

¡Allahumma! Concédenos la recitación del Corán, su dulzura, su intercesión y la capacidad de reflexionar sobre sus aleyas durante las horas de la noche y los extremos del día.

¡Allahumma! Haz que el Corán sea una prueba a nuestro favor y no una en nuestra contra. Resucítanos junto a sus portadores. Ilumina con él nuestros corazones y nuestras tumbas, y ensancha con él nuestros pechos.

¡Allahumma! Protege a nuestra comunidad y a nuestro emir y haznos a todos ser de aquellos que saben reconocer lo esencial, llegando a poder ser «esclavos del Momento», aplicando el adab (cortesía) que corresponde en cada instante ante Allah y Su Creación, y se esfuerzan en establecer en esta vida todo lo que nos ha sido transmitido. Amīn.