Alhamdulillah, Quien creó al hombre en la mejor de las formas y le otorgó la razón como luz para guiarlo al camino recto. Doy testimonio de que no hay más dios que Allah, Único y sin asociado, y doy testimonio de que Muhammad es Su siervo y Mensajero ﷺ. Y paz y bendiciones sobre su familia, sus compañeros y quienes los siguen en rectitud hasta el Día del Juicio.
¡Musulmanes! Tened taqwa de Allah, adorad a vuestro Señor y sabed que a Él regresaréis. Dice Allah ta‘ālā en Su Noble Libro: «Adopta la indulgencia como conducta, ordena lo reconocido y apártate de los ignorantes» (Corán: Sura al-A’raf, 199). Esta noble aleya engloba las virtudes del buen carácter, que abarcan la capacidad de perdonar, la indulgencia, pasar por alto la ignorancia y ser paciente ante los errores. Pasar por alto los errores ajenos es importante para la pureza de corazón y la estabilidad de las relaciones. El Imam Ibn al-Jawzi, que Allah tenga misericordia de él, dijo: «Quien es excesivamente meticuloso es apartado del éxito». La meticulosidad excesiva implica buscar e investigar los deslices y errores de los demás, escudriñando cada detalle. Esto conduce a la corrupción de las relaciones, la desintegración de las familias y a generar enemistad y odio.
Ibn al-Qayyim, que Allah tenga misericordia de él, dijo: «La persona sabia es aquella que no escudriña cada asunto dentro de su familia, amigos y vecinos». Quien piense que las relaciones se construyen sobre un libro de cuentas está equivocado; la perfección Le pertenece solo a Allah. En cuanto a los seres humanos, son, por naturaleza, propensos al error y al olvido. El Profeta ﷺ dijo: «Todos los hijos de Adam cometen errores, y los mejores son los que se arrepienten». Pasar por alto los errores no es una pérdida de derechos; por el contrario, es seguir una de las nobles cualidades del Profeta ﷺ.
Él ﷺ no exponía a quienes se equivocaban, ni se dirigía a ellos directamente, ni los llamaba por su nombre, solo por delicadeza, no por ignorancia. Decía: «¿Qué les pasa a las personas que hacen esto y aquello?». Abordaba el asunto en plural, cubriendo al que había cometido el error y haciendo la vista gorda, perdonando y actuando con sabiduría para preservar su dignidad, permitiéndole arrepentirse sin humillación ante los demás. Dar consejos en público es una forma de humillación pública. Saber pasar por alto las faltas menores es señal de discernimiento y de perfecta caballerosidad; es la esencia de la sabiduría y la cúspide de la inteligencia. El Imam al-Shafi’i, que Allah tenga misericordia de él, dijo: «La persona sabia es la persona sensata, que sabe pasar por alto», es decir, la que usa el buen juicio cuando es apropiado y aplica la indulgencia cuando también lo es. La necesidad de saber pasar por alto es especialmente crucial entre los cónyuges. Al pasar por alto asuntos triviales, el barco del matrimonio puede navegar a pesar de las olas que lo sacudan. Quien lo examina todo hundirá su barco y nunca llegará a la orilla. ¿Cuántas familias se han desgarrado por la sospecha y la desconfianza? ¿Cuántas parejas se han separado por una palabra dicha sin querer, tomada en serio por uno de ellos? Si la hubieran pasado por alto, el afecto y la vida matrimonial habrían continuado. ¿Cuántas familias se han separado a causa de los teléfonos móviles, chismes, falsedades y conversaciones que no son sino pura banalidad? Buscar estas cosas, examinarlas y espiarlas puede conducir al divorcio, algo que se ha vuelto tan frecuente en nuestros tiempos, separando a los hijos de sus padres y madres debido a la sospecha y al excesivo escrutinio de faltas y errores.
Allah ta‘ālā dijo acerca del Profeta Yusuf, la paz sea con él: «Dijeron: Si ha robado, ya robó antes un hermano suyo. Y Yusuf, sin mostrárselo a ellos, dijo para sí mismo: Vosotros estáis en peor situación y Allah conoce lo que atribuís» (Corán: Sura de Yusuf, 77). Así que los trató con indulgencia, perdón y clemencia para preservar la hermandad entre ellos. El Imam Ahmad, que Allah tenga misericordia de él, dijo: «El bienestar se compone de diez partes, todas las cuales residen en ser indulgente». Ibn al-Wardi dijo en su consejo: «Sé indulgente, solo quien es indulgente consigue el amor de los demás». Y Sayyiduna Umar, que Allah esté complacido con él, dijo: «No soy engañador ni el astuto puede engañarme».
¡Creyentes! ¡Cuánto necesitamos la virtud de la indulgencia en nuestra sociedad actual! Porque el creyente no debe ignorar, sino que debe saber pasar por alto, pues se requiere un equilibrio entre conocimiento y sutilidad. Así pues, sed inteligentes y perspicaces, y no seáis necios. Perdonad a quienes os hagan daño, sed amables con quienes os maltraten y procurad mantener la relación con quienes os quieran apartar, y así estaréis entre los ganadores del bien de este mundo y del Otro.
Allahumma, concede a nuestras almas compasión y purifícalas; Tú eres el mejor de los purificadores. Muéstranos la verdad como verdad y concédenos seguirla, y muéstranos la falsedad como falsedad y concédenos evitarla.
Allahumma, bendice a nuestra comunidad y a nuestro Emir, y haznos estar a todos entre los indulgentes, siendo de aquellos que tratan de llevarse a sí mismos y a quienes les rodean hacia la mejor versión de cada uno, manteniéndose firmes ante los límites, pero sabiendo navegar en un magnánimo océano de sutilidad. Amin.


