Alhamdulillah, Quien ha elevado el estatus de las mezquitas, ha enaltecido al que hace su salat y al que hace el suyud, y las ha convertido en casas de recuerdo y adoración, y ha concedido a los que las frecuentan tranquilidad y misericordia.
Atestiguo que no hay más dios que Allah, Único y sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero ﷺ. Que la paz y las bendiciones sean sobre su familia y sus compañeros hasta el Día del Juicio.
Tened taqwa de Allah, siervos suyos, y sed agradecidos por Sus bendiciones sobre vosotros, y Él os dará con creces. Y quien es agradecido, lo es solo para su propio beneficio.
Allah, alabado sea, dice en Su Libro Sagrado: «Sólo quien crea en Allah y en el Último Día, establezca el salat, entregue el zakat y no tema sino a Allah, permanecerá en las mezquitas de Allah. Y así podrán ser de los que están guiados» (Corán: Sura At-Tauba, 18).
En esta aleya, Allah, alabado sea, es testigo de la fe de quienes frecuentan las mezquitas, afirmando su creencia en Él y en el Último Día. Él mismo ha ensalzado su fe y su rectitud. Frecuentar la mezquita no se limita a inclinarse y postrarse en el salat; también incluye cuidarla, mantenerla limpia, contribuir a su mantenimiento, saldar sus gastos y establecer waqf.
Establecer un waqf por Allah beneficia a la mezquita y su recompensa continúa llegando a su dueño incluso después de la muerte. Desafortunadamente, el waqf se ha vuelto prácticamente inexistente en nuestros tiempos. En el pasado, las mezquitas de Al-Ándalus tenían awqaf, que eran los que cubrían su mantenimiento y todos sus asuntos.
La recompensa por establecer un waqf solo la conoce Allah. Gracias al waqf, permaneces vivo incluso en la tumba, como dijo el Profeta ﷺ: «Cuando una persona muere, todas sus obras cesan excepto tres: la sadaqa (dádiva) continua, el conocimiento útil o un hijo recto que ore por ella».
Estas tres se producen en la mezquita. Un hijo recto solo se cría en la mezquita, el conocimiento beneficioso solo se adquiere en la mezquita, el que da sadaqa (dádiva) y el que establece un waqf; todo ello surge en la mezquita.
¡Musulmanes!, entre los mensajes de la mezquita está la unión (wahda): unión de las filas, de palabra y de opinión. La mezquita es el primer fundamento para construir una sociedad libre de conflictos.
Por eso, lo primero que hizo el Profeta ﷺ en Medina fue construir la Mezquita de Quba. El segundo principio fue la hermandad en Allah. Gracias a la hermandad entre los muhayirin y los Ansar, el Profeta ﷺ estableció una comunidad fuerte, pura y libre de discusiones, conflictos o discordias. Todos trabajaban para el beneficio de los demás, esforzándose por esta vida y por su vida después de la muerte, ayudándose mutuamente en la rectitud y el taqwa, evitando lo reprobable y la transgresión, hasta el punto de asemejarse (en sus actos y dedicación) a las abejas, con las que el Profeta ﷺ comparó al creyente cuando dijo:
«Por Aquel en cuya mano está el alma de Muhammad, el ejemplo del creyente es como el de la abeja: come lo bueno y produce lo bueno, y cuando se posa, no rompe ni estropea nada».
Reflexiona sobre esta sabia analogía profética: la abeja no come cosas impuras, así como al creyente se le ordena lo lícito y se le prohíbe lo ilícito.
Allah, alabado sea, dice: «Comed de las cosas buenas que os proveemos (…)».
La abeja no produce más que beneficio, medicina y curación. Allah, alabado sea, llama a lo que produce shifá’ (curación) porque proviene de lo lícito y bueno:
«De su vientre sale un jarabe de color diverso que contiene una cura para los hombres» (Corán: Sura de la Abeja, An-Nahl, 69).
La abeja aporta, beneficia y no daña. Cuando se posa sobre una flor, lo hace con tranquilidad y prudencia, sin estropear las flores ni dañar la naturaleza. Asimismo, poliniza los árboles y trabaja para el beneficio de los demás con orden y regularidad.
De igual modo, el creyente debe ser un miembro activo, útil y dinámico de la sociedad, ya que la pereza, el letargo y la inactividad hacen del que la padece una carga para la sociedad, arrastrándola hacia el atraso, la ignorancia y la debilidad.
Las abejas tienen un sistema bien ordenado, con una reina que manda, prohíbe y distribuye tareas, debido a que operan bajo la inspiración de Allah, alabado sea. Son las únicas criaturas, aparte del hombre, a las que Allah inspiró.
Dice Allah, alabado sea: «Y tu Señor le inspiró a la abeja: Toma en las montañas morada y en los árboles y en lo que construyen. Luego, come de todo tipo de frutos y ve por los senderos de tu Señor dócilmente. De su vientre sale un jarabe de color diverso que contiene una cura para los hombres. Es cierto que en eso hay un signo para gente que reflexiona» (Corán: Sura de la Abeja, An-Nahl, 68-69).
¿Por qué no inspiró a la mosca? Porque las moscas solo se reúnen alrededor de la suciedad y de las impurezas. Un pequeño número de abejas es mejor que nubes enteras de moscas.
Entre las características de las abejas está el sacrificio. La abeja se sacrificará a sí misma y su vida por su hermana, y a veces incluso se convertirá en un lecho para ella si aterriza en el agua. De igual manera, el verdadero creyente se preocupa y se entrega por su din, su comunidad, su emir, sus hermanos y su mezquita.
Nuestro Profeta ﷺ, cuando comparó al creyente con la abeja, no hablaba movido por la pasión, sino que era una revelación inspirada.
La abeja es verdadera medicina. Cada movimiento y quietud de su ser, incluso su picadura, es un remedio utilizado en países avanzados en el campo de la salud. De igual manera, el creyente debe ser beneficioso y no perjudicial, y debe ser un miembro activo de su comunidad, su hogar, su trabajo y en todas sus actividades.
¡Creyentes! Sabed que el Profeta ﷺ nos ordenó mantenernos unidos a la comunidad, diciendo: «El lobo solo devora a la oveja descarriada». Es decir, el shaitán solo ataca a quienes se apartan de la comunidad.
Por lo tanto, cada miembro de nuestra comunidad ha de preocuparse por el beneficio común, esforzarse por el bienestar de la comunidad, aportarle cosas buenas y detener cualquier mal, incluso con una palabra amable o manteniéndose callado, ya que a veces el silencio es más útil que la palabra.
El Profeta ﷺ dijo: «Quien cree en Allah y en el Último Día ha de hablar bien o guardar silencio».
Y sabed que la Mezquita de Granada lleva 23 años abierta. Han sido años de mucho esfuerzo, de lucha, de aprendizaje y de trabajo, siguiendo siempre el madhhab Maliki, la aqida Ash’ari, y la tariqa del Imam Yunaid en el tasawwuf, así como los ajlaq y las prácticas de la gente de Medina en el culto y en las transacciones.
Nuestra mezquita hace da’wa con moderación y equilibrio, y promueve el respeto mutuo que el Profeta Muhammad ﷺ nos mandó mantener: «Dad buenas nuevas y no apartéis, facilitad las cosas y no las compliquéis».
También sigue la enseñanza de Shayj Abdalqadir As Sufi, por medio del cual Allah abrió los corazones de innumerables personas y tomó la shahada a muchos murids, tanto hombres como mujeres. Esta constituirá una sadaqa continua para él, cuya recompensa le llegará constantemente a su tumba hasta el Día del Juicio.
Allahumma, ten misericordia de Shayj Abdalqadir, haz de su tumba un jardín de los jardines del Yannah, sitúalo en compañía del Elegido y reúnelo con los profetas, los veraces, los mártires y los justos.
Allahumma, bendice a todos sus emires, muqaddimin, y sus murids y fuqara, hombres y mujeres, al Rais de la yama’ah y a todos los que se esfuerzan por su éxito y bienestar, y a todos los que contribuyeron a la construcción de la Mezquita de Granada, ya sea directa o indirectamente, con pequeñas o grandes acciones, incluso con una palabra amable.
Allahumma, pon baraka en la vida del sheij Sultan bin Muhammad Al Qasimi, emir de Sharjah, quien apoyó a nuestra comunidad en la construcción y en el waqf de la Mezquita de Granada. Que Allah bendiga a su familia, su riqueza y su emirato, y le conceda salud y bienestar.
Allahumma, guía al emir de la comunidad de Granada en la gestión de los asuntos de esta mezquita, y a todos los que trabajan con él en su administración.
Allahumma, purifica nuestras intenciones, acepta nuestras buenas obras y protégenos de la ostentación y de la búsqueda de la fama.
Amín.


