Equilibrio entre alma y cuerpo

Alhamdulillah, Quien creó al hombre en la mejor de las formas e insufló en él parte de Su Ruh, convirtiéndolo así en un ser humano completo. Bendito sea Allah, el mejor de los creadores.

Doy testimonio de que no hay más dios que Allah, Único y sin asociado, y doy testimonio de que Muhammad es Su siervo y Mensajero, ﷺ, y paz y bendiciones sean sobre su familia y todos sus compañeros.

¡Tened taqwa de Allah, musulmanes!, adorad a vuestro Señor, sed agradecidos con Él y sabed que a Él regresaréis.

Dice Allah, alabado sea:

“Cuando dijo tu Señor a los ángeles: Voy a crear un ser humano a partir del barro. Y cuando le haya dado forma y haya insuflado en él parte de Mi espíritu: ¡Caed postrados ante él!”
(Corán: Sura de Sad, 71-72).

Esta aleya aclara que Allah Todopoderoso creó a Adam con Su mano, insufló en él Su Ruh; es decir, el ruh le fue agregado a Adam después de haberlo creado, por consiguiente, es una amana que Allah insufla cuando quiere, y, asimismo, hace que le sea devuelta cuando lo desea.

A Allah pertenece lo que otorga y lo que quita. Cada cosa, junto a Él, es según una medida. A Él no se le pedirán explicaciones de lo que hace, pero nosotros sí seremos preguntados.

Su orden está entre las Kaf y las Nun (las letras en árabe para “Sé” y “Es”). Cuando quiere algo, le dice: “Sé”, y es.

El cuerpo es un recipiente, un medio, una montura que nos lleva en este mundo. Se enferma, siente hambre, se llena de energía, se cansa, envejece, muere y luego regresa a su origen: la tierra.

Allah Todopoderoso dice:

“De ella os creamos, a ella os devolveremos y de ella os haremos salir de nuevo”.
(Corán: Sura de Ta Ha, 55).

El ruh no envejece ni muere. Ama y odia, se alegra y se entristece, cree y reniega. Nadie conoce su esencia, ni puede comprender su naturaleza o su verdadera esencia excepto su Creador, el Todopoderoso.

Cuando el Profeta, ﷺ, fue enviado, algunos de los Quraish fueron a los eruditos judíos y les preguntaron cómo podían poner a prueba la profecía de Muhammad, ﷺ. Les contestaron diciéndoles que le preguntaran sobre el ruh, y que, si daba una respuesta, entonces no era ni profeta ni mensajero.

Entonces se reveló:

“Y te preguntan acerca del espíritu. Di: El espíritu procede de la orden de mi Señor y no se os ha dado sino un poco de conocimiento”.
(Corán: Sura del Viaje Nocturno, Al-Isra, 85).

El ruh es un secreto conocido solo por Allah.

Tanto el ruh como el cuerpo tienen su propio sustento y alimentación. El cuerpo se alimenta del elemento en el que se originó, de lo que la tierra produce. Has de alimentarlo con lo lícito y bueno, no con lo ilícito y dañino. Has de cuidarlo cuando esté enfermo, darle descanso cuando esté cansado, mantenerlo limpio y protegerlo de todo lo que le haga daño, ya que es una amana por la que se te pedirán cuentas ante Allah.

De hecho, es una de las primeras cosas sobre las que se te preguntará el Día de la Resurrección, como dijo el Profeta, ﷺ:

“Los pies de un siervo no se moverán el Día de la Resurrección hasta que se le pregunte sobre cuatro cosas”,

una de las cuales será su cuerpo: cómo lo usó, en obediencia a Allah y a Su Mensajero, o en desobediencia, deseos y actos reprobables, realizados tanto en secreto como en público.

Cuando muere, regresa a su origen: a la tumba, a las profundidades de la tierra.

En cuanto al alma, regresar al origen es su esencia, y su alimento es el din, el recuerdo de Allah y el ayuno. El taqwa de Allah, la conducta, la modestia, la paciencia y la piedad son sus características. Y su sustento está en el cielo, mientras que el del cuerpo está en la tierra.

Existe una lucha entre ambos. El cuerpo clama, anhelando comodidad, dinero, placeres, adormecimiento y pereza, mientras que el alma clama por la oración, el Corán, el din y la cercanía a Allah.

Quien obedece a su cuerpo y satisface todos sus deseos acaba siendo como un animal:

“(…) no son sino como animales de rebaño o aún más extraviados del camino?”
(Corán: Sura del Discernimiento, Al-Furqan, 44).

Y quien satisface todos los deseos del ruh y descuida el cuerpo ha traspasado los límites y se ha extraviado.

Entonces, ¿cómo podemos conseguir el equilibrio?

Islam es el din del camino del medio, del equilibrio. El Profeta, ﷺ, dijo:

“Tu cuerpo tiene derechos sobre ti, y tu alma tiene derechos sobre ti”,

para que no descuides a ninguno de los dos.

Allah, Alabado sea, dijo:

“Busca en lo que Allah te ha dado la morada de la Última Vida sin olvidar tu parte en ésta, y haz el bien igual que Allah lo hace contigo y no busques corromper la tierra; es cierto que Allah no ama a los corruptores”
(Corán: Sura del Relato, Al-Qasas, 77).

La Sunna de nuestro Profeta, ﷺ, combina el cuidado del alma y el del cuerpo, y equilibrar las acciones para esta vida y para la Otra.

Entre las súplicas del Profeta, ﷺ, estaba:

“¡Allahumma, rectifica mi iman, el cual es el custodio de mis asuntos, haz mejor el mundo donde vivo, y facilita mi vida en el más allá al que yo tengo que retornar!”

En un hadiz se relata que:

“Llegaron tres hombres a las casas de las esposas del Mensajero de Allah, ﷺ, preguntando acerca de los actos de adoración que hacía el Mensajero de Allah, ﷺ. Y cuando fueron informados les parecieron pocos.

Dijeron: ‘¡El Mensajero de Allah, ﷺ, no necesita de tantos actos de adoración, ya que se le han perdonado, tanto sus faltas anteriores como posteriores! Sin embargo, nosotros, ¡sí que necesitamos realizar más actos de adoración!’

Dijo uno de ellos: ‘En cuanto a mí, estaré las noches enteras en oración.’

Dijo otro: ‘Yo estaré ayunando siempre.’

Y dijo un tercero: ‘Yo me aislaré de las mujeres y no me casaré nunca.’

Y más tarde vino el Mensajero de Allah, ﷺ, y dijo: ‘¿Vosotros sois los que habéis dicho esto y aquello? Por Allah, yo soy más temeroso de Allah que vosotros. Sin embargo, ayuno y como, rezo y duermo, y también me caso con las mujeres. Quien no aprecia mi ‘Sunna’ y la abandona, no es de los míos’.”

[Al-Bujari]

Allahumma, concede a nuestras almas el taqwa que les corresponde y purifícalas, pues Tú eres el que mejor purifica. Provéenos de donde menos lo esperamos y ayúdanos a cumplir con los derechos que le corresponden a cada uno.

Allahumma, bendice a nuestra comunidad y a nuestro emir, y que seamos de aquellos que reconocen lo esencial y aman todo aquello que Tú nos quieras otorgar. Amin.