«Y no seas de los negligentes»

Tened takwa de Allah siervos suyos, y aferraos en vuestro din. Sabed que el dunia es el lugar de las pruebas y el puente hacia la otra vida. ¡Tomad pues provisión!, porque nuestro viaje es bastante largo, y no os carguéis de malas obras ya que las pruebas del más allá son difíciles de superar.

Es cierto que entre lo que impide al hombre tener éxito en esta vida y en la otra está la negligencia y apartarse del recuerdo de Allah. Por consiguiente, muchas naciones perecieron por ser negligentes y, en  sus corazones, sus oídos y en los ojos tuvieron velo. Dice Allah en el Corán:

Hemos creado para Yahannam muchos genios y hombres. Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven y oídos con los que no oyen. Son como animales de rebaño o peor aún en su extravío. Esos son los indiferentes”

(Sura Al-’araf: 179)

Ser negligente significa no cumplir con las obligaciones como el salat y las demás acciones y compromisos. Asimismo,  este vicio se reconoce por unas características, signos y síntomas. Si el hombre tiene uno de ellos, se considera de los negligentes: ser flojo con la adoración y lento a la hora de responder a las obligaciones, no considerar la gravedad de las malas obras, seguir cometiendo faltas, dejarse llevar por sus pasiones, volver a la desobediencia después del arrepentimiento, tener falsas esperanzas y siempre buscar excusas para no volverse hacia a Allah, no considerar el castigo de Allah y desesperar de su misericordia.

Dijo ibn Mas’ud:

El creyente ve sus pecados como si estuviese sentado bajo una montaña, la cual teme pueda derrumbarse sobre él; mientras que el malhechor considera sus pecados como moscas que pasan delante de su nariz.

Entre los síntomas de la negligencia están el acostumbrarse a ser desobediente y preferir este estado, y que cuando alguien corrija al infectado por sus malas acciones se enfade y odie los consejos. De igual modo, enorgullecerse por ser desobediente y desvelárselo a la gente, ya que hacerlo incita los demás a cometer y amar la desobediencia. Dijo el profeta la paz sea con él:

Todos los pecados de mi nación serán perdonados, excepto los de los muÿâhirûn (los que cometen pecados abiertamente frente a la gente o los dan a conocer).

Por tanto, la negligencia es el velo que impide al corazón saborear la dulzura de la fe. Y quien no la haya saboreado, estará en aprieto en los círculos de Dhikr, en las oraciones y en las  mezquitas; sin embargo, se sentirá a gusto en los lugares de diversión o lugares exentos de pudor y respeto.

Un corazón negligente en la mezquita se siente como un preso, no para de mirar el tiempo, se queja de lo larga que es la oración, como si tuviese una brasa en la mano… ¿acaso no sabe esta persona que esperar el establecimiento de la oración es una adoración y una obra de gran recompensa? O se nos olvida que quien entra a la mezquita se considera de los invitados del Misericordioso.

Dijo el Profeta la paz sea con él: “¿Queréis que os guíe hacia algo por lo que Allah borraría vuestras faltas y os elevaría de categoría en el Jardín?” Dijeron: “¡Claro que sí, Mensajero de Allah!” Dijo: “Perfeccionad el wudu; dad muchos pasos hacia las mezquitas; esperad a la oración siguiente después de la anterior; y ese sería el ribat”. (La espera para la oración se nombra como el ribat porque representa una lucha interior por contener los apetitos, para estar en constante alerta y preparación). Así que seremos de los morabitin practicando esta espera.

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¡Musulmanes! Es cierto que entre los síntomas de la negligencia se encuentra considerar más importantes las pruebas en los hijos, en el dinero o en las riquezas y menospreciar las calamidades en el Din. Con  otras palabras, cuando ocurre un daño o se pierde algo del Dunia, el negligente lo considera como una gran pérdida y se entristece por ello, sin embargo actúa de manera indiferente si pierde una oración. En verdad, las calamidades en el Din superan cualquier tipo de pruebas. Pero la visión del hombre es bastante limitada.

De igual forma, entre lo que incrementa el nivel de negligencia de la gente está no juzgarse a sí mismo. El nafs es más peligroso que Shaitan, buscar refugio en Allah lo espanta y lo aleja de ti. El nafs, al contrario, es inseparable del hombre y sus susurros e incita al mal y a cometer faltas graves continuamente.

Siervos de Allah ¡Juzgáos a vosotros mismos antes de que se os juzgue y pesad vuestras obras antes de que se os pesen!

Dijo Allah, alabado sea, en el Corán: “Está cerca para los hombres el momento de rendir cuentas, y sin embargo, ellos, descuidados, se desentienden”. Y dijo también: “ni obedezcas a aquel del que hemos hecho que su corazón esté descuidado de Nuestro recuerdo; sigue su pasión y su asunto es pérdida”.

Por lo tanto, el remedio para la negligencia es el recuerdo de Allah. El Dhikr ha de ser con el corazón, con la lengua y con los actos. Recordar a Allah con el cuerpo es negligente, hacerlo con la lengua solo es negligente y recordar a Allah con el corazón solo también es negligente.

El corazón es el líder de las demás partes, si este es recto el resto lo son igualmente, sin embargo si es negligente y distraído, las demás partes descarrilan. Cuando el corazón manda órdenes que contradicen la creencia, la consecuencia es un líder traidor. Cuando la lengua contradice lo que cree el corazón, el resultado es un traductor traidor, pero cuando el corazón es puro y libre de negligencia, la lengua y las demás extremidades actúan honestamente obedeciendo las órdenes del líder (el corazón).

Dice Allah en el Corán: “Y recuerda a tu Señor en ti mismo, humilde, con temor de Él y sin subir la voz, al comenzar y al terminar el día. Y no seas de los negligentes”.