Alhamdulillah, quien creó al hombre, le enseñó elocuencia y le ordenó el iḥsān. Doy testimonio de que no hay más dios que Allah, Único y sin asociado, y es un testimonio por el cual alcanzamos el iḥsān, saboreamos la dulzura del īmān y ascendemos a los niveles más altos del Jardín. Y doy testimonio de que Muhammad ﷺ es Su siervo y Mensajero, y paz y bendiciones sobre su familia, sus compañeros y todos los que siguen su camino hasta el Día del Juicio.
¡Creyentes, hombres y mujeres! Tened taqwā de Allah y tomad provisión, ya que el camino es largo y las provisiones son limitadas.
Allah taʿālā dice en Su Libro Sagrado: «Es cierto que los que creen y llevan a cabo las acciones de bien… No dejaremos que se pierda la recompensa de quien actúe haciendo el bien». (Corán: Sura de La Caverna Al-Kahf, 30).
El iḥsān conlleva perfección y sinceridad, e implica la realización de actos de obediencia y el cumplimiento de las obligaciones, siempre pendientes de la Presencia de Allah. Como se menciona en el hadiz de Yibrīl, ʿalayhi s-salām: «¿Qué es el iḥsān?». Él respondió: «El iḥsān consiste en adorar a Allah como si lo vieras, y aunque no lo veas, Él ciertamente te ve». Esto fue después de que Yibrīl le preguntara sobre el Islam y el īmān.
Así pues, el iḥsān es la cúspide del Islam, el nivel más alto del dīn, y solo puede ser alcanzado por aquellos cuyo Islam e īmān sean sólidos. La excelencia se fundamenta en dos bases firmes y sólidamente asentadas: un Islam correcto y un īmān completo.
Por lo tanto, el iḥsān es la esencia y el núcleo del tasawwuf. Es la etapa de la vigilancia (murāqabah), seguida de la etapa de la contemplación (mushāhadah). Allah taʿālā ve a Sus siervos en todo momento: «(…) No le pasa desapercibido el peso de una mínima partícula ni en los cielos ni en la Tierra, ni hay nada que sea menor o mayor que ello que no esté en un Libro explícito». (Corán: Sura de Saba, 3).
Por lo tanto, debes procurar ser consciente de la presencia de Allah en todas tus acciones y en la quietud, en tu adoración y en las transacciones, en tu tienda y tu trabajo, en tu oficina y en el mercado. Ten la certeza de que Allah te observa y que nada le está oculto. Si estás pendiente de Su presencia, mejorarás tu adoración y tu trato hacia Sus siervos.
Ibn al-Qayyim dijo: «La clave para alcanzar la misericordia de Allah es el iḥsān en la adoración al Creador y esforzarse por beneficiar a Sus siervos». Luego recitó: «Es verdad que la misericordia de Allah está próxima a los bienhechores». (Corán: Sura Al-A’raf, 56).
Uno de los sabios dijo: «El iḥsān consiste en afrontar la aflicción con serenidad y recibir el destino con contentamiento y tranquilidad, sin quejarse. La hermosa paciencia es encontrar placer en la adversidad porque proviene del Amado. Este es el iḥsān completo».
A uno de los ṣāliḥīn se le preguntó acerca de las pruebas: «¿Son un castigo de Allah? ¿O una expiación de las faltas? ¿O una elevación espiritual?». Respondió: «Si te afliges y te enojas, son un castigo. Si eres paciente, son una expiación. Si te mantienes en el contentamiento, son una elevación espiritual». Así es como se recibe la aflicción con iḥsān, contentamiento y gratitud.
Adorar a Allah como si lo vieras significa poner verdadero amor en la adoración, estar ante Él con la mayor humildad, sumisión y reverencia. Significa postrarse con completa tranquilidad y paz, pues la esencia de la oración es la presencia y la humildad. Allah taʿālā dice, describiendo a los creyentes: «Aquéllos que en su ṣalat están presentes y se humillan». (Corán: Sura de Los Creyentes Al-Mu’minun, 2).
No descuides los pilares del ṣalāt, realizándolos como meros ejercicios, convirtiéndolos en un hábito mecánico, en lugar de en un acto consciente de adoración. El Profeta ﷺ dijo: «El peor ladrón es quien roba en su oración». Los Compañeros preguntaron: «¿Cómo es eso, oh Mensajero de Allah?». Él respondió: «No perfecciona la inclinación y la postración». ¡Qué lejos está del iḥsān, el īmān y el tasawwuf quien comete esto!
¡Musulmanes! El iḥsān consiste en ser bondadosos con quienes nos hacen daño, dar a quienes nos niegan algo y mantener los lazos con quienes los rompen. Y nadie puede hacer esto sino aquel que ha vencido sus propios deseos, los ha dominado y los ha desobedecido, alcanzando así la compañía de Allah, quien dice: «Es cierto que Allah está con los que Le temen y con los que hacen el bien». (Corán: Sura de La Abeja An-Nahl, 128).
Allahumma, haz que seamos de los muḥsinīn y estemos entre los que te adoran como si te vieran. Concédenos sinceridad en nuestras acciones y no nos abandones ni por un instante. Protégenos de la hipocresía, de la búsqueda de alabanzas, de la vanidad, la arrogancia, la jactancia y el mal carácter.
Allahumma, protege a nuestra comunidad y a nuestro emir, y permite que seamos de aquellos que se esfuerzan constantemente por conocerte más y poner en sus vidas y en su entorno todo lo que ello implica. Amín.


