Alhamdulillahi Rabbil ‘alamin, Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto, el Todopoderoso, el Omnipotente. Doy testimonio de que no hay más dios que Allah, Único, sin asociado, y que Muhammad es Su siervo y Mensajero ﷺ, y que la paz y las bendiciones sean sobre su familia, sus compañeros y quienes los sigan hasta el Día del Juicio.
¡Musulmanes! Tened taqwa de Allah y adorad a vuestro Señor en tiempos de facilidad y de dificultad. Sabed que el hombre en esta vida está sujeto a pasar por momentos buenos y malos, por la alegría y el dolor, por la facilidad y la dificultad; del optimismo al pesimismo. El ser humano atraviesa periodos de fracaso y de éxito, momentos de perdición y de rectitud. A veces realiza aquello que le trae la salvación, y otras, cosecha lo que le conduce a la ruina y la destrucción. Asimismo, lleva a cabo lo que expía sus faltas y, en otras ocasiones, se dedica a lo que eleva su rango.
Según Ibn ‘Umar —que Allah esté complacido con ambos—, el Mensajero de Allah ﷺ dijo: «Hay tres cosas destructivas, tres cosas salvadoras, tres cosas que expían las faltas y tres que elevan el rango». En cuanto a las cosas destructivas, son: la codicia obedecida, seguir los deseos y la excesiva estima de uno mismo.
¡Siervos de Allah! Este es un hadiz que abarca grandes significados, por lo que es apropiado que el musulmán lo conozca, reflexione sobre él y lo comprenda, si desea salvarse de las cosas destructivas, alcanzar las salvadoras, realizar las acciones que expían las faltas y ascender en grados ante Allah.
La primera de las cosas destructivas es la codicia obedecida, la tacañería que brota del corazón del hombre. El Mensajero ﷺ advirtió a su comunidad contra la codicia, diciendo: «Cuidado con la codicia, porque ciertamente destruyó a quienes os precedieron: les ordenó ser injustos y lo fueron; les ordenó romper los lazos de parentesco y los rompieron; les ordenó transgredir y transgredieron».
La tacañería puede ser la raíz de todo mal, llevando a la avaricia, a la codicia desmedida y a un amor ciego por la dunia. Hay quien ama la dunia hasta tal punto que abandona sus ajlaq para obtenerla. La tacañería es un rasgo despreciable que hace que quien la padece olvide el desapego y el contentamiento con poco en este mundo fugaz; un mundo que, si tuviera siquiera el valor del ala de un mosquito ante Allah, Él no habría dado a los incrédulos ni un sorbo de agua.
Allah Todopoderoso dice: «Aquel que se protege de su propia avaricia… esos son los que tendrán éxito».
El segundo de los rasgos destructivos es seguir los propios deseos, una característica reprobable, incluso más grave que la tacañería y la avaricia. El Corán advierte contra ello en numerosas aleyas. Allah Todopoderoso dice: «Es cierto que muchos se extravían por seguir sus deseos sin conocimiento».
El conocimiento es esencial. Quien sigue un camino sin conocimiento, en realidad sigue sus deseos y sucumbe a ellos, y su destino es la destrucción.
¡Siervos de Allah! No debemos satisfacer todos nuestros caprichos y deseos. Hemos de dominar el deseo con la taqwa, siendo conscientes de Allah en todo momento y temiendo caer en la desobediencia, evitando Su ira y Su castigo.
Ibrahim al-Nakha‘i dijo: «No os sentéis con la gente de los deseos, pues sentarse con ellos extingue la luz de la creencia en los corazones, roba la belleza a los rostros y engendra odio en los corazones de los creyentes».
Este es el legado que dejaron los hombres de las primeras generaciones —los salaf— por compasión y misericordia hacia quienes vinieron después.
Allah Todopoderoso dice: «Y no obedezcas a aquel cuyo corazón hemos hecho negligente de Nuestro recuerdo; sigue su pasión y su asunto es pérdida».
¡Siervos de Allah! El tercero de estos rasgos destructivos es la estima excesiva de uno mismo (al-‘uyb), que es la arrogancia manifestada en palabras y acciones. Quien la padece se siente superior a los demás en sus obras, en su vivienda, su vestimenta, su comida y sus opiniones. Desprecia a los demás y los mira con desdén.
El ‘uyb conduce a olvidar el arrepentimiento, a cometer faltas graves y a menospreciar los actos de adoración y las obligaciones. Se le preguntó a ‘Aisha —que Allah esté complacido con ella—: «¿Cuándo se considera que un hombre obra mal?». Ella respondió: «Cuando cree que obra bien».
Esta enfermedad puede incluso llevar a la incredulidad y a la apostasía del Islam; que Allah nos proteja de ello.
¡Allahumma! Protégenos de la codicia, de los deseos, de la ruina, de la vanidad, del orgullo y de la envidia. Oculta nuestras faltas en esta vida y en la Otra, ya Sattār, ya Ghaffār. Acepta nuestro arrepentimiento, pues Tú eres At-Tawwāb, Ar-Rahīm.
Mejora nuestro carácter, concédenos un buen final y sella nuestras vidas con el imán, el Islam y el tawhid.
¡Allahumma! Bendice a nuestra comunidad y a nuestro emir, y haz de nosotros gente de generosidad y buen trato; gente que elimine de su comportamiento todo egoísmo y dé prioridad siempre a quien más lo necesite.
Amín.


