Amor por el Profeta (SAWS)

Dice Allah en Su Noble Libro, en la Sura de la Taubah:

“Di: Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas, vuestro clan familiar, los bienes que habéis obtenido, el negocio cuya falta de beneficio teméis, las moradas que os satisfacen, os son más queridos que Allah, Su mensajero y la lucha en Su camino… Esperad hasta que Allah llegue con Su orden. Allah no guía a gente descarriada”. (9:24)

Qadi ‘Iyad dice acerca de esta aleya:
“Basta con esto como estímulo, aviso, indicio y prueba de la necesidad de amarlo, la obligatoriedad de su precepto, su gran importancia y su merecimiento de ello, Sean con él la paz, puesto que Allah, ensalzado sea, reprueba a aquel cuya riqueza, familia e hijos son más amados para él que Allah y Su Mensajero, y les amenaza con Sus palabras: ‘Esperad hasta que Allah venga con Su orden…’ Luego, al final de la aleya los califica de ‘descarriados’ y les hace saber que son de aquellos que se extravían y Allah no guía”.
No hay manera de que una persona, hombre o mujer, acceda a la guía correcta sin amor por el Mensajero de Allah. Ese amor es la puerta por la que se accede a la luz y la guía de Allah, es la clave que nos permite seguir al sirat al-mustaqim.
El grado de imán de una persona depende del grado de su amor por el Mensajero de Allah. Ausencia de amor significa ausencia de iman, mientras que los niveles superiores de iman, la plenitud y perfección del iman, solo pueden alcanzarse otorgando al Profeta prioridad sobre toda la creación, incluso nuestros propios padres y nuestros propios hijos. El Profeta dijo:
“Ninguno de vosotros cree hasta que sea más querido para él que su familia, su riqueza y todas las personas”. Esta es el amor que los Compañeros tenían por el Profeta. Constantemente se esforzaban por complacerle y eliminar lo que le disgustaba o causara daño. Hay múltiples ejemplos en la vida del Profeta.
Un ejemplo es la historia de la sahabiyya de los Ansar, Sumayra bint Qays, narrada por Ibn Ishaq, en la relata que perdió a su padre, su hermano y su marido en la batalla de Uhud y sin embargo, habiendo llegado falsas noticias, su única preocupación era el Profeta, y preguntó repetidamente: “¿Qué le sucedió al Mensajero de Allah?” Hasta que le dijeron que estaba bien, y entonces pidió que le dejaran verle. Y luego, cuando lo vio, dijo:
“Toda desgracia después de ti (más allá de tu pérdida) es insignificante”. Su amor por él y su alegría de ver que estaba a salvo hicieron que su tremenda pérdida pareciera leve en comparación. Y no solo era más querido para ellos que las personas más cercanas y queridas, sino también que ellos mismos. Allah dice:

“El Profeta, para los creyentes, está antes que ellos mismos”. (33:6)

Y el Profeta dijo:
“Ninguno de vosotros creerá (tendrá un iman completo) hasta que yo sea más amado para él que sí mismo”.
Los Compañeros no dudaban en poner en peligro sus propias vidas para que el Mensajero de Allah estuviera a salvo. Por ejemplo Talha ibn Ubaydillah protegió al Mensajero usando su propio cuerpo como escudo, recibiendo hasta 70 heridas en el proceso según los relatos y sufriendo una grave lesión en un brazo para el resto de su vida. Repelió al enemigo interponiéndose entre este y el Mensajero hasta asegurarse que estaba a salvo.
Otro ejemplo es el de Zayd ibn ad-Dizinna, quien fue capturado por Quraysh para ser ejecutado.
Abu Sufyan le preguntó: “¿No preferirías estar ahora en casa con tu familia y que Muhammad estuviera aquí en tu lugar?” Él respondió: “Por Allah, no desearía que el Mensajero de Allah fuera herido tan siquiera por un pincho a cambio de estar yo a salvo en casa con mi familia”. Abu Sufyan dijo: “Nunca he visto a nadie que ame tanto a alguien como los compañeros de Muhammad le aman a él”. Y luego lo ejecutaron.
El propósito de nuestra existencia aquí en este mundo es conocer a nuestro Creador. Para eso hemos sido creados. Y esto no es posible sin tener amor por el Mensajero. A aquel que nos trae noticias de Allah, nuestro Señor, le amamos por nuestro amor a Allah. El Mensajero de Allah es el único medio por el cual la gente de este tiempo pueden obtener conocimiento de Allah. Allah dice:

“Di: Si amáis a Allah, seguidme, que Allah os amará y perdonará vuestras faltas. Allah es Perdonador y Compasivo”. (3:31)

Por lo tanto, no se puede amar a Allah sin seguir a Su Mensajero. Otro asunto es la gente a la que no le ha llegado el mensaje claro y no conocen al Profeta realmente. Y es nuestra responsabilidad representarle. Y así como no puedes obedecer a Allah sin obedecer al Mensajero, tampoco puedes amar a Allah sin amar al Mensajero. El Profeta dijo:
“Quien me ame, amará a Allah”. Y este amor también está conectado con el Corán. Sahl ibn Abdallah dijo:
“La señal de amor por Allah es el amor por el Corán, y la señal de amor por el Corán es el amor por el Profeta”. Le pedimos a Allah que nos conceda verdadero amor del Mensajero de Allah y nos levante el Último Día en su compañía. Le pedimos que haga que el Profeta sea más querido para nosotros que nuestras familias, posesiones y que nosotros mismos. Y danos la fuerza para emularlo y poner su sunna en práctica.

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Musulmanes, el verdadero amor por Mensajero de Allah, no consiste solo en decirlo, sino que es algo profundo que cambia nuestro comportamiento y se evidencia en la manifestación de ciertos signos. En su Shifa, Qadi ‘Iyad enumera once de estos signos:
El primer signo es imitarlo y poner en práctica su sunna, seguir sus palabras y actos, acatar sus órdenes, evitar sus prohibiciones y adoptar su adab en las situaciones fáciles y las difíciles.
El segundo es preferir aquello que legisló y a lo que exhortó por encima de del deseo propio y la apetencia personal.
El tercero es no enojarse con la gente, excepto si es por la causa de Allah. Anas ibn Malik dijo:
“Me dijo el Mensajero de Allah, al que Allah le dé Su gracia y paz: “Hijo, si puedes entrar en la mañana y en la tarde sin que haya en tu corazón rencor hacia nadie, hazlo”. Y luego añadió: “Hijo, y ello es parte de mi sunna, y quien da vida a mi sunna, me habrá amado, y quien me ame, estará conmigo en el Jardín”.
El cuarto es recordarlo abundantemente, pues el Profeta dijo: “Quien ama algo, lo recuerda abundantemente”. Esto se manifiesta en la dedicación de una persona a leer o escribir su sirah, recordar y conmemorar los acontecimientos de su vida, pedir bendiciones por él y elogiarle constantemente. Esto ha sido una de las características de los nobles Compañeros del Mensajero de Allah y de los grandes hombres de Allah de esta Umma.
Otro signo es el deseo de encontrarse con él, pues todo amante quiere encontrarse con su amado.
Cuando le llegó la hora de la muerte a Bilal, su mujer exclamó: ¡Qué tristeza! Y él dijo: ¡Qué alegría! Mañana me encontraré a mis amados: Muhammad y los suyos”.
Sayyiduna ‘Umar se detuvo ante az-Zubair, que Allah esté complacido con ellos, después de que lo hubieran matado, pidió perdón por él, y dijo: “Por Allah, que hasta donde yo sé has sido de mucho ayunar y rezar, y amabas a Allah y a Su Mensajero”. Esta fue gente que se sentó en la presencia del Mensajero de Allah, pero ese amor y ese anhelo no se limita a ellos. De entre aquellos que más aman al Mensajero y desean encontrarse con él, están los que vinieron después de su muerte, como se menciona en el hadiz que citamos la semana pasada, narrado por Abu Hurayra que dice:
“Entre la gente de mi Umma que más me amará habrá unos que vendrán después de mí, tales que uno de ellos daría su familia y su riqueza por verme”. Y pedimos a Allah que nos cuente entre ellos.
El sexto es venerarle y respetarle al recordarle o mencionarle y manifestar humildad al escuchar su nombre. Dice Ishaq at-Tuyibi:
“Los Compañeros del Profeta, al que Allah bendiga y conceda paz, después de él, no lo recordaban sin que no se humillaran, se les erizara la piel y lloraran. Y asimismo, muchos de los que vinieron después”.
El séptimo es amar a quienes el Profeta amó y a quienes le aman, a los vinculados a él, su familia sus compañeros, y ser hostil hacia quien les odie y les insulte, pues quien ama a alguien, ama a quien él ama, y el Profeta sin duda les amaba. Dijo acerca de sus nietos, al-Hasan y al-Husain:
“Quien los ame, me amará a mí, y quien me ame, amará a Allah; y quien les odie, me odiará a mí y quien me odie, odiará a Allah”. Y dijo acerca de sus Compañeros:
“¡Allah! ¡Allah! ¡Mis compañeros! No los toméis como diana cuando yo no esté. Quien los ame, por mi amor los amará, y quien los odie, por odio a mí los odiará. Y quien les haga mal, me lo hará a mí, y quien me haga mal a mí se lo hará a Allah; y quien haga mal a Allah, a punto estará de sorprenderlo (de castigarlo repentinamente)”.
Quien realmente ama a alguien, todo lo que este ama, se vuelve amado. Este era el caso de los Salaf, hasta el punto de que Anas ibn Malik dijo cuando vio al Mensajero buscando los trozos de calabaza por el plato de comida: “No ha dejado de gustarme la calabaza desde ese día”.
El octavo es ser enemigo de quien es enemigo de Allah y Su Mensajero, y evitar a quien sea contrario a su sunna en invente en su din, y encontrar molesto todo asunto contrario a su Shari’a .
El noveno es amar el Corán que él, sea con él la paz, trajo y con el que guio y se guio, y cuyo carácter adoptó. Y el amor por el Corán implica recitarlo, actuar según él y entenderlo. Ibn Mas‘ud dijo:
“Que nadie pregunte acerca de sí mismo excepto al Corán, de manera que si ama el Corán, ama a Allah y a Su Mensajero”.
El décimo es la compasión por su Umma, la lealtad hacia ellos, el esfuerzo por sus intereses y librarlos de lo que les perjudica.
El undécimo es el desapego de este mundo, puesto que quien contiene amor por Allah y Su Mensajero en su corazón, no lo podrá tener por este mundo. Allah dice:

“Allah no puso dos corazones en el interior del hombre”. (33:4)

El amor a Allah y su Mensajero aumenta en la medida que disminuye el amor por este mundo, y viceversa.
Le pedimos a Allah que nos otorgue un amor verdadero y duradero por Su Mensajero, y que nuestro anhelo sea vea realizado y nos permita estar en su compañía en la otra vida. Y le pedimos a Allah que nos mantenga siempre en compañía de aquellos que aman al Mensajero y adoptan su carácter. Amin.